Pavel Preisner El poeta o arde o se pudre

Artista número cien, cifra redonda, del directorio ArtGraduates: sobre la ecuación de pintura y poesía, la práctica cotidiana y el neotaoísmo cristiano

Pavel Preisner: El poeta o arde o se pudre | ArtGraduates Magazine
Pavel Preisner. Foto: Libor Stavjaník

Pavel Preisner no vive en internet, no se promociona y no persigue las exposiciones. Fue un amigo quien lo inscribió en el directorio ArtGraduates; él mismo no lo habría hecho. En la entrevista que sigue comparte sus credos. Aunque en la vida cotidiana nos tuteamos, para esta entrevista hemos vuelto al trato de usted.

Se ha convertido usted en el centésimo artista, cifra redonda, del directorio ArtGraduates – solo que no se registró usted mismo. Lo hizo por usted un amigo, el mismo que le gestiona el Instagram. ¿Qué le lleva a confiar a otra persona esta capa de la vida artística? ¿Y qué relación tiene, en el fondo, con el mundo online?

Soy un analfabeto informático. Solo sé hacer las operaciones más sencillas: el correo, los pagos, y miro imágenes. Y YouTube – vivo solo, así que la música, para no volverme del todo loco... En el fondo, soy anticuado. Soy un idealista y un utopista (con una pizca de agresividad pacifista – no sé decirlo más que con esta paradoja). Eso vale también para mis textos en las revistas Prostor Zlín, Protimluv, para catálogos... Intento escribir sobre artistas visuales que están ahí y de los que nadie sabe nada.

Y ese reproche – la agresividad – va dirigido a los comisarios poco sensibles, a su cautela y su pereza. El resultado es que sobre quienes viven en la sombra escribirá, al cabo de x años, la Revolver Revue (revista checa de literatura y arte). Tendrán allí su propio dosier y saldrán un instante a la luz. Eso, creo yo, es un poco tarde. Nada en contra de la RR, al contrario, los apoyo.

Entonces tiene sentido que buscara a alguien para ello. ¿Por qué otras vías intenta hacer llegar su trabajo al público? ¿Qué es lo que mejor le ha funcionado?

Normalmente, algún cuadro mío que cuelga en casa de personas cercanas o de conocidos lo ve alguien de su entorno, y esa persona empieza a interesarse. Viene hasta mi almacén y, la mayoría de las veces, compra algo. En las exposiciones también me ha pasado varias veces que alguien comprara algo. Pero ahora, con la amable ayuda de mi amigo Jiří R., intento poner cosas en Instagram. A mi página web nadie entra si no se le avisa.

Pavel Preisner: Sin título, óleo sobre lienzo, 100 × 80 cm, 2025
Sin título, óleo sobre lienzo, 100 × 80 cm, 2025

La venta a través de vínculos personales, el cuadro en la pared de un conocido que capta la atención de otro visitante – esa es, en el fondo, la forma más antigua y más auténtica de difundir el arte. En la web, sin un trabajo dirigido, es verdad que nadie aparece por sí solo. Pero ¿qué pasa con las exposiciones? ¿Cómo llega, en realidad, a las oportunidades de exponer?

Bueno, hasta ahora siempre me han hecho una propuesta...

Usted ha dicho que, en la venta del arte, todo depende de la suerte – de que la persona adecuada se fije en uno. ¿Se puede salir al encuentro de esa suerte? ¿Recuerda algún momento en que funcionara así?

La suerte ronda por ahí. Cómo salir a su encuentro, la verdad es que no lo sé. Quizá lo más importante sea practicar a diario, pero sin esforzarse demasiado... Empeñarme con ahínco en exponer, en algún sitio... eso no sé hacerlo.

Ha enseñado más de veinticinco años en la Escuela Superior Privada de Arte de Zlín – es decir, por sus manos han pasado ya generaciones enteras de jóvenes artistas plásticos. ¿Qué le aporta el trabajo pedagógico como pintor? ¿Y han cambiado los estudiantes con el tiempo? ¿Llegan hoy con una relación distinta con el arte, con el oficio, con las razones mismas por las que quieren crear? ¿Qué es lo más importante que quiere transmitirles?

Al principio, aprendí a enseñar. Después, durante un tiempo, la relación «profesor»/estudiante fue recíproca. De ida y vuelta. Hoy ya no son estudiantes, sino alumnos – de secundaria, tanto por mentalidad como por entrega. El poeta (el pintor) o arde o se pudre; ahora mismo son pocos los que arden. Antes, para mí, eso era inspirador...

Cuando en las correcciones hay algo que mirar, por un lado obtengo una información visual a la que yo solo no habría llegado, y por otro me obliga a formular un juicio, un análisis que me sorprende a mí mismo. Y como soy neotaoísta, me fío de la intuición. Que, después de tantos años, tengo al menos de forma mínima. Quizá. Esos «alumnos» no tienen la culpa de ser como acabo de decir – tienen otra base, por desgracia endeble.

Pavel Preisner: Libremente según J. F. Millet, óleo sobre táblex, 75 × 80 cm, 2026
Libremente según J. F. Millet, óleo sobre táblex, 75 × 80 cm, 2026

Su primer poemario, Ulomili, lo ilustró usted mismo; a la exposición «La belleza será extraña o no será» le puso ese nombre a partir de un texto que nació directamente junto a los cuadros. ¿Dónde termina en usted el pintor y empieza el poeta – o esa frontera no existe?

Ese título, La belleza será extraña o no será, es una paráfrasis de la frase de Breton «La belleza será convulsiva...». Para mí, esa frontera no existe; es más, para mí es una ecuación. La poesía hecha de palabras equivale a la poesía hecha de manchas, puntos y líneas – es decir, a la pintura.

Con mi amigo, el poeta Pavel Rajchman, coincidimos en una cosa: el poeta no necesita en absoluto escribir, basta con que viva como poeta. En eso ya se nos adelantó Rimbaud. Aunque es, eso sí, un gran compromiso.

En sus textos y sus cuadros, sobre todo últimamente, se aprecia con claridad un fuerte vínculo con lo espiritual. ¿Cómo se definiría usted mismo, quién es?

Cada vez me siento más como un autista. Deformado por el oficio... Pero pintar es mi vida. Ese soy yo.

En cuanto a lo espiritual: soy un católico bautizado, pero desde hace veinte años me inclino hacia el taoísmo y el zen. Soy un neotaoísta cristiano. Los Evangelios y el Tao Te King tienen mucho en común. A pesar de esa higiene mental del taoísmo y el zen, me atormentan angustias muy fuertes. Tengo una pensión de invalidez parcial; esas angustias me han llevado hasta la sociofobia (y eso que me gusta la gente).

Pero, ante todo, soy padre: tengo dos hijas encantadoras. Viven con su madre, pero vienen a verme los fines de semana. Nos queremos.

Pavel Preisner: Sin título, óleo sobre lienzo, 30 × 40 cm, 2025
Sin título, óleo sobre lienzo, 30 × 40 cm, 2025

¿Qué papel terapéutico desempeña la creación en las dificultades psíquicas que menciona?

Nunca tuve la ambición de alcanzar el reconocimiento. Desde el principio quería crear, y cuando descubrí que podía hacer lo que quisiera en lo que a la creación se refiere, gané una libertad interior. Escasa todavía, cierto, pero me sentía libre. Y ahora lo más importante: desde 2003, el año en que estuve por primera vez en el Hospital Psiquiátrico de Kroměříž, en la unidad de desintoxicación alcohólica, sentí que podía empezar de nuevo. Allí, en las «terapias ocupacionales», podíamos hacer prácticamente cualquier cosa. Yo me puse a pintar otra vez, con muchas ganas (los tres años anteriores ya casi no hacía nada). Con el alcohol la cosa va así: el 90 % del tiempo estoy «limpio». De vez en cuando tengo una recaída, y siempre acaba en la UCI. Un asco. Poco después de que me dieran el alta de la unidad de desintoxicación aparecieron las angustias, que fueron creciendo hasta hoy, cuando me siento mal la mayor parte del tiempo. Voy a una psiquiatra, tomo psicofármacos y Antabus. Pero no basta. El trabajo diario ante el caballete es mi terapia. El proceso en sí. El resultado me importa solo en segundo lugar. Cuando estoy de pie ante el caballete y muevo el pincel sin parar, soy de verdad, y de nuevo, libre. Un poco grandilocuente, ¿no? Pero los estados que me atormentan son indescriptibles...

Además de su carrera como poeta y pintor, es también teórico del arte. ¿Cómo aborda la escritura sobre las artes visuales, qué le importa transmitir, describir y, por el contrario, qué procura evitar?

La palabra teórico es demasiado fuerte en mi caso. Simplemente escribo. Y lo hago con gusto. Este año se cumplen ya 26 años desde que escribí mi primer texto para Prostor Zlín. Hay un montón de esos textos, y con Jiří Riessler estamos preparando una edición en libro en la editorial Malvern.

A menudo he presentado exposiciones, pero esos discursos de inauguración los tenía escritos en trozos de papel y la inmensa mayoría se han perdido. Espero que no suene pretencioso, pero esos textos los entiendo como un servicio. Lo digo porque pintar es un quehacer egoísta.

Nunca escribo sobre lo que no me gusta, no hago crítica negativa. Mi antiguo jefe se burlaba de mí diciendo que me gustaba todo. En el fondo tiene razón – valoro a todos los que hacen algo. Con la excepción de Kristián Kodet y de otros como él. En este sentido, es importante para mí la ecuación de Joseph Beuys: «El capital es igual a la creatividad».

De sus respuestas deduzco un amplio interés por las obras de los movimientos del pasado – el surrealismo, el tao... ¿Cómo percibe las corrientes de pensamiento artístico más antiguas en su propia obra y, en general, en la época actual?

El dadá, el surrealismo, el Gran Juego siguen siendo actuales para mí. Sigue habiendo mucho contra lo que posicionarse. Sí, también hoy estamos en ese despertar a lo Topinka (por el poeta checo Miloslav Topinka). Y cuando podemos, tenemos que trabajar en nuestra obra. Para nosotros mismos. Y cuando eso llega también a otra persona, es una pequeña victoria – una aportación a algo tan necesario que me da apuro decirlo, y sin embargo: una espiritualización. No tiene por qué ser arte religioso.

Y, volviendo al principio, sigue siendo para mí un gran enigma el cubismo de Braque y Picasso de 1907 a 1914. Todo su principio, su laboratorio, esa representación que ya no mira por la mirilla de la perspectiva. Y, sin embargo, hoy en todas las escuelas de arte se enseña aún según el modelo renacentista... Y por encima de todo ello planea para mí Josef Šíma.

Pavel Preisner: Sin título, óleo sobre lienzo, 80 × 60 cm, 2025
Sin título, óleo sobre lienzo, 80 × 60 cm, 2025

Juguemos a adivinos. Ha sido pedagogo, escribe sobre artistas plásticos, se dedica a la historia del arte. ¿Con qué futuro debemos «ilusionarnos»? ¿Qué le preocupa, qué le da curiosidad?

Lo que de verdad me aterra es la inteligencia artificial. ¡Muy peligrosa! Pero creo que la mayoría de las personas mínimamente sensibles seguirán queriendo un cuadro pintado, una escultura tallada o modelada y fundida en su material definitivo, una matriz creada mecánica o químicamente e impresa – un grabado. También me gusta la instalación, cuando es potente, y la performance, cuando es potente y la ejecuta un ser carismático.

Hoy, y también en el futuro, esos medios reflejarán la época, el mundo en que vivimos, pero quizá también el hermetismo, donde reina la intemporalidad. Y muchas obras que hablarán de las cosas más diversas. Eso espero...

De la historia del arte solo conozco una parte; me gusta mucho la pintura gótica sobre tabla y el primer Renacimiento – entonces el arte todavía era un servicio. De Rafael hasta hoy es, salvo excepciones, una competición...

¡Gracias por la entrevista!

Leer en el idioma original: Česky

Descubrir artistas

Daniel Meca

Chequia Pintura

Hermione Newton

Reino Unido Técnica mixta